
Es una de las actrices más emblemáticas de las teleseries y, a la vez, una de las figuras de la TV más cautelosas con su intimidad. Tan bonita como delicada, Antonia Zegers es una poderosa combinación de actitud, fuerza de carácter y respeto por la libertad. Una personalidad que ella viene armando desde una adolescencia marcada por la separación de sus padres y las largas travesías que su aventurera madre emprendía por el mundo. Hoy, a los 33 años, mira su historia con inteligencia, madurez y hasta agradece todos sus cuestionamientos familiares y emocionales.
"Más que obligarme a ser feliz, yo he aprendido a aceptar mi historia y mis circunstancias. Yo decidí aceptar la realidad que me tocó, entenderla y aprovecharla. Hoy me gusta enfrentar las cosas tal como son".
Críptica y cautelosa. Esas dos palabras son las que mejor definen la actitud con que Antonia Zegers enfrenta las entrevistas. Lejos de intimidar, esa postura - que tiene el mérito de parecer arisca sin perder la amabilidad- la hace aún más interesante. Incluso supera otros de sus atractivos, como la comentada profundidad de sus ojos verde azulados o la suavidad con que camina por el departamento en Providencia, donde vive desde hace un año. Ahí, en el tercer piso de un antiguo edificio pintado de blanco, la actriz creó un espacio que no sólo agrada por la calidez que mantiene, aunque afuera la temperatura es baja y la tarde anuncia lluvia. También sorprende por el perfecto orden y la elegante sencillez con que lo ha decorado.
"Me molesta en el alma vivir en un espacio desordenado", comenta mientras se dirige a la cocina para preparar un té que trae en unas tazas transparentes en las que se traslucen unas rodajas de limón perfectamente cortadas.-
¿Siempre eres tan preocupada de los detalles?- Más que una manía o una rigidez mental, me gusta armar calma en mi entorno para estar yo también en calma. Trato de que todos los espacios que me rodean se parezcan mucho a como me gusta estar internamente. Encontrarme ante una cama desecha es algo que me puede causar muchísima pena; llegar por la tarde y encontrar todo revuelto no es algo que hace bien.-
¿Eso siempre ha sido así?
- Para nada. Mi opción por el orden empezó en el momento en que decidí la vida que quería tener. En mi adolescencia todo era completamente distinto: rumas de ropa en mi pieza, cinco amigas alojando conmigo, todo un desastre.
La Antonia Zegers de la época de colegiala en el S

aint George es totalmente opuesta a la que hoy confiesa a sus 33 años. A la actriz que además de ser una de las figuras más reconocidas del área dramática de Televisión Nacional, desde hace un mes integra el elenco de la obra "Madre" que dirige Rodrigo Pérez en la sala de la Universidad Mayor.
Un comentado montaje basado en la obra de Bertolt Brecht que incluye citas a personajes femeninos tan fuertes como Sola Sierra y la activista política alemana Rosa Luxemburgo. Antonia está absolutamente comprometida con la obra, donde comparte escenario con actrices como María Izquierdo, Luz Jiménez y Ximena Rivas. Incluso no duda en catalogarlo como uno de los trabajos más importantes y bonitos que le ha tocado realizar.
"Es una obra que plantea preguntas sobre nuestra identidad ideológica, de cómo hemos llegado a ser lo que somos", asegura sin esconder su orgullo.Ese tipo de cuestionamientos no es extraño para esta actriz que nunca ha negado su compromiso social.
Ella fue uno de los actores que rechazaron públicamente la visita de George Bush, asistió al foro social que se desarrolló en paralelo con el Apec, y desde el año pasado forma parte de Genera, una ONG que se dedica a hacer campañas de estudios de opinión pública con el objetivo de fortalecer a la ciudadanía, y en la que también participan personajes como Claudio Di Girolamo y muchos profesionales que trabajan en el tema de la educación.
Hija del reconocido ginecólogo Fernando Zegers y la fotógrafa Mónica Oportot, siempre ha sido amiga de las preguntas complicadas, de las respuestas pensadas y de la búsqueda de una identidad propia. Interés que partió durante su adolescencia cuando con sus amigas empezó a aficionarse a la música triste, a películas como The Wall y a los libros de Rimbaud o Baudelaire.
"Fue una época en la que lo pasé bien y mal al mismo tiempo. Por un lado veíamos todo terrible y nos engrupiamos con una especie de temporada en el infierno, inventada a la medida de unas niñitas adolescentes de Santiago, pero por otro también fue todo un despertar al arte, a conocer ideas nuevas y fantasear con desarrollar cosas tan potentes como las que leía"."Puros mitos", dice sobre las historias que se comentan de su época de colegiala. Con honestidad y harto pudor, prefiere bajar el perfil a los cuentos que hablan de ella como una de las niñas más lindas del colegio o a quienes la recuerdan como todo un ejemplo de independencia. Lo que no niega es que durante su adolescencia muchas veces se sintió muy diferente al resto de sus compañeras. Primero porque sus padres se separaron cuando ella todavía era muy pequeña.
"En esa época recién se empezó a hablar de las familias desarticuladas, y los hijos de padres separados nos sentíamos observados", recuerda. Luego, cuando tenía 13 años y su hermano Fernando algunos menos, su madre decidió iniciar largos viajes por todo el mundo que podían extenderse por meses. Mientras esta mujer recorría desde el Aconcagua o iniciaba peregrinaciones desde Europa a Oriente con un grupo de monjes budistas, con su hermano pasaban intermitentes períodos con su padre o se quedaban en casa al cuidado de su abuela.
"Nunca solos y con toda la casa para nosotros, como mitifican algunos", recalca con un tono serio que deriva en carcajada.-
¿Te afectó la ausencia materna? ¿Te resultaba difícil entender su opción por los viajes?- No voy negar que resultó difícil y la extrañaba mucho, pero entiendo su búsqueda de libertad, sus convicciones y hoy la admiro mucho. Pero en un minuto me complicó harto, aunque esas son las cosas que uno tiene que aprender a resolver con inteligencia y tranquilidad. Son momentos que, vistos desde ahora, te enseñan a elegir si uno asume la falta o sigue adelante entendiendo que tienes una vida distinta, aprendiendo a quererla y valorarla tal como es.-
¿No te sentías abandonada?
- Es que nunca estuve totalmente sola, pero reconozco que mi vida no se parecía a la del resto de mis compañeras que llegaban a su casa y todo era perfecto. Sabía que vivía una situación distinta, pero tampoco era algo que me angustiara. Como te digo, esas cosas son las que te empiezan a afirmar, te obligan a pararte de otra forma, asumir responsabilidades y atreverte a tomar ciertas decisiones. De hecho, yo no tengo drama al mirar para atrás. No me gusta enfrentar mi vida desde las fallas.-
¿Cómo recuerdas ese tiempo?- Como una etapa muy especial. Efectivamente mi casa era como la guarida de todos mis amigos, pero no llegaban porque yo estuviera sola, sino porque en mi casa la autoridad era menos exigente. Aunque yo era bien organizada, porque cuando mis amigas se iban a alojar, les decía: tú trae esto, tú preocúpate de esto otro, para que no faltara nada y mantener todo aterrizado y dentro de cierta lógica.-
Eras la madura del grupo.
- No lo veo en esos términos, porque siempre fui una chica que tenía 14 años pero que sabía arreglármelas. Yo creo que esa cosa de madurar temprano es bien subjetiva. Uno puede aprender a resolver ciertas cosas antes que el resto, pero sigue teniendo la misma edad y las mismas limitaciones o inseguridades que tienen tus compañeros. En mi caso, eso del adolescente que madura temprano es otro mito, porque simplemente fui una niña que aprendió a resolver cosas que la mayoría aprende después.-
¿Cómo se hace eso?
- Es complicado de explicar. Mi abuela materna usa una frase que puede ser muy aclaratoria para esto. Ella dice que "lo menos que uno puede hacer en esta vida es ser feliz". Personalmente su determinación me parece muy fuerte, porque no es tan fácil imponerse una meta de ese tipo. Entiendo que uno pueda decidir ciertas cosas, pero obligarse a la felicidad es algo complejo. Aunque yo la veo y me parece una mujer feliz, bueno porfiadamente feliz (risas). Y en mi caso, más que obligarme a ser feliz, yo he aprendido a aceptar mi historia y mis circunstancias. Yo decidí aceptar la realidad que me tocó, entenderla y aprovecharla. Hoy me gusta enfrentar las cosas tal como son.
Actualmente, la relación de Antonia con sus padres es tan tranquila como unida. Dice que tiene
"eso que llaman familias extendidas". Un numeroso grupo familiar del que se siente muy orgullosa, y donde la libertad y el cariño siguen siendo la constante. Por el lado de su madre tiene su hermano, mientras que por el lado de su padre tiene otros cinco.
"Somos siete y tenemos un verdadero abanico de diferencia de edades. Yo soy la mayor, pero también hay más chicos y hasta guaguas, que ganan la atención por lejos. Lo mejor es que nosotros tenemos lazos de amor tan potentes que no necesito cuestionarlos. Simplemente somos así, muy unidos. Es algo que no pasa por un rito de obligatoriedad, ni por buenas costumbres, sólo nos gusta estar juntos. Admiro mucho a mi hermano Fernando. Con mi mamá, que vive en el Cajón del Maipo, cada vez que viene a Santiago nos tomamos harto tiempo para estar juntas. Con mi papá pasa lo mismo, porque tenemos una necesidad mutua de vernos tanto como podamos. No me complico en reconocer que soy de las que buscan a su padre o a su madre cuando necesito que me acojan, me escuchen y me abracen en ciertos momentos".
Hablar de su intimidad no es el fuerte de la actriz. Si ya es rigurosa al poner límites al tratar su historia familiar, ese cuidado se hace más fuerte cuando las entrevistas tocan el tema de su vida sentimental. De hecho, comenta que ya no tiene el registro de las innumerables veces que lleva dicendo: no te voy contestar esa pregunta, de manera casi talibana.
"Al igual que el éxito, el respeto hacia la vida personal también es algo que se puede manejar, y se arma en la medida de lo que se quiere dar. He aprendido a hacerlo y a mantener los límites sin ser maleducada".Actualmente, después de un pololeo de tres años con el actor Ricardo Fernández, Antonia está iniciando una nueva relación con Pablo Larraín, el director de la película Fuga. Pero eso es algo de lo que no habla. Sólo comenta que está feliz, mientras su sonrisa se congela en un imperturbable silencio.-
¿Por qué esa opción?- Tengo una respuesta que encontré leyendo a Bertolt Brecht. Fue una frase que encontré en uno de sus textos que dice: "Para que el teatro siga siendo algo especial para el actor, en el ámbito personal deberá prescindir de todo lo teatral". Aunque no quiero hacer consigna de esto, le encuentro toda la razón del mundo. Por eso en mi ámbito personal me alejo de lo teatral y evito mostrar mi intimidad. Hay una tendencia a buscar una teleserie paralela del actor en su vida personal, que yo desecho porque me da pudor. Soy muy cautelosa con mi fragilidad. Ese espacio lo dejo dentro de lo que la palabra intimidad significa.-
Tus períodos difíciles, ¿los asumes en forma tan pragmática?
- Todos nos hemos sentido como un bolero de Chavela Vargas muchas veces. Quién puede decir que no ha tenido momentos de infelicidad, pero eso no tiene nada del otro mundo. Sería tonto contabilizar cuántas veces me he sentido así, ni menos hacer un ranking de cuáles fueron los momentos más difíciles. Lo que sí puedo reconocer es que cuando me ha tocado sobrellevarlos, he demostrado harta voluntad. Tengo fuerte instinto de sobrevivencia. No soy de las que se quedan en la cama, al contrario siempre me levanto. Aprendí a ser fuerte.-
¿Con esa fuerza has enfrentado tus quiebres de pareja?-
Aunque creo que eso pertenece a la intimidad que me gusta proteger, voy contestar algo muy simple. Uno siempre se las arregla para seguir adelante. Cuando hay

momentos de dolor no queda otra opción que tratar de comprender para que todo pase pronto y seguir viviendo. Algunas veces ese proceso puede requerir un tiempo largo, pero en general depende de las situaciones en que sucedieron las cosas. No existe una manera de vivir un quiebre, depende mucho de la edad que tienes, de la historia que tuviste, de cómo quedaste parado emocionalmente y de cuánto comprendes. Tener respuestas absolutas a eso sería mentir.-
¿Cómo has enfrentado tus momentos de soledad?
- Sola (risas). La verdad es que la soledad no es algo que me complique demasiado. A mí me gusta estar sola. De hecho a veces me gusta buscar espacios donde sólo puedo estar con mi mundo interior, y en silencio. Esos momentos son súper importantes para entender lo que te pasa, liberarte de todo y seguir adelante.-
Al igual que tu madre, ¿te gusta viajar sola?- He viajado harto sola, pero también me gusta viajar acompañada. Aunque reconozco que cuando salgo sin compañía he tenido muy buenas experiencias a nivel personal e interno. Esas ocasiones se convierten en viajes en el más amplio sentido de la palabra, porque se conjuga el estar con tu interior, con todas las nuevas experiencias que estás conociendo afuera. Es interesante lo que pasa, ver cómo empiezas a lidiar contigo en entornos que no te son familiares. Es algo que siempre te enriquece.-
¿Te proyectas como madre?
- Obvio que sí, pero no tiene que ocurrir sólo porque yo quiera serlo. Para mí la idea de ser madre es un proyecto de a dos, una sincronía que se arma para que venga un tercero. Y en ese sentido no es algo que yo quiera planear en solitario.-
¿Pero no te sientes presionada?- No, para nada. Y en eso agradezco no tener la presión familiar para hacerlo. Realmente obligación por tener un hijo no tengo, y tampoco quiero inventármela por mi cuenta. Estoy abierta a que ocurra y me gustaría mucho, pero de una manera orgánica, libre y en el momento justo. Además, no tengo que escuchar eso de cuándo vas tener un nietecito... Lo que pasa es que me tocó gente muy especial por familia. Todos siempre me han incitado a actuar desde la libertad y honestidad, y no desde las obligaciones.